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Ejercicio para sanar el corazón

Antes que nada, recordemos que el camino a sentirnos bien y volver a ser quien éramos antes de haber experimentado nuestras pérdidas no es lineal. Cuando uno trae el corazón magullado, hay días buenos y otros que no lo son tanto. A veces estamos muy sensibles y no nos aguantamos ni a nosotros mismos. Es normal, no te desesperes. Dicen los expertos que el negar las emociones resulta contraproducente. Así que más vale ser honestos y reconocer que la tristeza, el enojo, la angustia o cualquier otra emoción "negativa" está allí. El segundo paso es encontrar herramientas que contribuyan a nuestro bienestar. Sanar el corazón es todo un arte, es un acto de amor a nosotros mismos, es hacernos responsables de nuestro bienestar.


Mujer joven, triste, sentada en un sillon.
Como dice el dicho: "Ya no se siente lo duro, sino lo tupido".



La verdad es que yo estaba poco preparada para la pérdida. Hasta el 2021, había tenido una vida súper rosa y, de la noche a la mañana, las pruebas empezaron a llover. Además de las situaciones que les platiqué en la entrada anterior, en menos de un año me tocó ver que mis dos tías consentidas (una por el lado de mi papá y otra por el lado de mi mamá) trascendieran a causa de enfermedades terminales. Luego vino el rompimiento con el exnovio. Para ser sincera, a veces siento que me voy reponiendo de una cuando, ¡zas!, llega el siguiente madrazo. ¿Será que en algún momento uno esté completamente listo para enfrentar este tipo de situaciones? Tal vez no, pero quiero confiar en que mi camino de aprendizaje me ayudará a superar la pruebas que la vida me está mandando, seguramente para contribuir a mi crecimiento personal.


Pero regresemos al tema, quiero compartirles un ejercicio en concreto que me está ayudando y me tiene entusiasmada. Si les gusta lo simbólico, ¡esta actividad les va a encantar! El cuidado tangible de nuestro corazón. Y no se trata del músculo que nos late en el pecho, sino del que damos al enamorarnos, el que se parte cuando alguien muere, el que palpita de alegría cuando conectamos con la belleza, el que nos impulsa a avanzar. Ese corazón intangible también duele y hay que ponerle atención y darle cariño con acciones concretas.


El ejercicio no es de mi invención, ya lo había escuchado antes, pero apenas ahora lo estoy poniendo en práctica. Y el primer paso es... ¡conseguir una piedra! Así como lo leen, la piedra simbolizará su corazón. Yo encontré la mía en un parque cercano a mi casa, en mi lugar favorito para caminar. La vi en el lodo, debajo de los árboles, cerca de una especie de bardita que, me parece, está hecha para detener la tierra. (Ojo, dije "cerca" de la bardita. No soy una vándala, no la quité de ahí.) Y cuál no sería mi sorpresa al darme cuenta de que era del tamaño y de la forma de un corazón de carne (incluyo evidencia fotográfica; tal vez habrá a quien no se lo parezca, pero a mí sí y eso es lo que importa).





El siguiente paso era tener mi corazón a la mano, tocarlo, sentirlo, consentirlo, ponerle aceites esenciales y demás. Pero tuve que empezar por limpiando. Lo lavé llegando a mi depa y luego me bañé con él, pero ya lo he remojado varias veces y le sigue saliendo tierrita. Y aquí es cuando se une lo simbólico con lo físico. Al preguntarme qué es lo que está ensuciando mi corazón me di cuenta de que tengo mucho enojo. Sí, lo admito, me doy cuenta, lo acepto y trabajaré con ello. Por lo pronto, y antes de ponerle lavanda u otro aceite esencial: limpiar antes de adornar.



Roca dentro de un recipiente con agua
Ya sé, esta foto no está nada sexy, es mi "corazón" remojándose en el lavadero.

La persona que recomendaba el ejercicio, decía que había días cuando apenas y tenía ánimo de salir de la cama. Se sentía muy mal, incluso físicamente. Dice que en esos momentos, acostarse con su piedra era lo único para lo que tenía energía. Afortunadamente, ese no es mi caso. Sin embargo, encuentro muy reconfortante tomar mi piedra, sentir su peso sobre mi pecho, hacerle cariñitos y decirle que todo está bien, que yo la voy a cuidar. Mi piedra es rasposa, tiene muchos huequitos y un pedazo grande le falta en una de sus caras. Para mí cada hoyito representa alguna lastimadura menor. Todavía no encuentro cuál de mis pérdidas mayores es la que se relaciona con el hueco grande. Mas seré paciente y cariñosa conmigo misma. Y les compartiré mis hallazgos, pues me doy cuenta de que hay muchos allá afuera arrastrando sus heridas. Ojalá aquí encuentren al menos una idea que les ayude en su camino a la alegría.


Si alguien se anima a hacer este ejercicio para sanar el corazón, me encantaría que me comparta su experiencia. Por lo pronto, me despido. Bendecida semana para todos.


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